Prólogo a esta edición
En 2019 publiqué un libro que se llamaba Cómo se hace una app. La primera frase decía: «Tener una idea para una app, eso es tarea fácil. Realizarla, eso no lo es tanto».
Siete años después la releí y me dio un poco de vergüenza, y un poco de orgullo.
Vergüenza porque la mitad del libro envejeció mal. Había capítulos enteros dedicados a Material Design, al tono 500 de una paleta de Google, a cuántos dp tenía que medir un margen, a cómo armar el prototipo en Adobe XD. Adobe dejó de desarrollar XD hace rato. Las reglas de Material cambiaron dos veces. Y lo más importante: la persona que en 2019 tenía que agarrar mi prototipo y convertirlo en código, el programador, hoy en muchos casos es una inteligencia artificial que escribe en una tarde lo que a mí me llevaba un mes.
Orgullo porque la otra mitad del libro, la que hablaba de pensar, sigue intacta. Y creo que hoy vale más que cuando la escribí.
Te explico por qué.
Lo que cambió
En 2019 el cuello de botella era programar. Vos tenías la idea, y entre la idea y la app había meses de trabajo de alguien que supiera escribir código. Por eso el libro original terminaba entregándole un paquete de hojas A3 abrochadas a un programador.
Hoy le podés escribir a una IA «haceme una app para reservar canchas de fútbol» y en diez minutos tenés algo que se abre, tiene botones y hasta guarda datos. Lo probé. Funciona. Y es horrible.
No horrible de feo. Horrible de genérico. Es la app que haría cualquiera, porque la IA hizo exactamente eso: el promedio de todas las apps de reservas que vio en su vida. No sabe que tus usuarios organizan el partido por WhatsApp, que el dueño del complejo atiende el teléfono con una mano mientras cobra con la otra, que cuando llueve se cae la mitad de las reservas y nadie sabe quién devuelve la seña.
Eso lo sabés vos. O lo podés averiguar. Pero tenés que ponerlo en algún lado donde la IA lo pueda leer.
Lo que no cambió
Este libro se apoya en una sola idea, que voy a repetir varias veces porque es el centro de todo:
Si no lo decidís vos, lo decide el promedio.
Cada pregunta que no respondés antes de pedirle algo a la IA, la IA la responde sola. Y la responde con lo más probable, que casi nunca es lo mejor para tu caso.
El método de 2019 era, sin que yo lo supiera, una forma de responder todas esas preguntas antes de que alguien escribiera código. Idea, relevamiento, necesidades, brief, contar la app con palabras, diagrama de flujo, lista de pantallas, StoryApp. Lo pensé para que un programador humano no tuviera que adivinar. Resulta que es justo lo que necesita una IA para no adivinar.
Así que el método se queda. Lo que cambia es todo lo que viene después del papel.
Qué vas a encontrar
El libro tiene tres partes.
La primera, Pensar, es la parte más vieja y la más importante: qué es tu app como producto, de qué vive, contra quién compite y para quién es. Ahí no hay tecnología. Hay preguntas incómodas.
La segunda, Dibujar, es donde la idea baja al papel. Contar la app con palabras, armar el diagrama de flujo, listar las pantallas y las cosas que tu app tiene que recordar, y dibujar el StoryApp. A mano. Con un marcador grueso. Ya vas a ver por qué insisto tanto con el marcador.
La tercera, Construir con IA, es nueva de punta a punta. Qué hace bien la IA y en qué se equivoca, cómo armar el paquete de archivos que le vas a dar, qué son las skills y los agentes y para qué te sirven, cómo construir de a pedacitos sin perderte, y qué pasa cuando la app sale al mundo.
A lo largo de todo el libro vamos a pensar una app juntos, de cero, que se llama Falta Uno. Sirve para reservar cancha de fútbol 5 y completar el equipo cuando alguien se baja a último momento. La elegí porque es chiquita, porque todos conocemos el problema y porque tiene trampas suficientes para aprender: pagos, cancelaciones, dos tipos de usuario, la lluvia.
Para quién es
Para el que tiene una idea y no sabe programar. En 2019 te prometí que podías hacer todo el trabajo previo a la programación sin saber programar. Hoy te prometo algo más: con este método y una IA, podés llegar bastante más lejos. No te prometo que llegues solo hasta el final. Hay partes (los pagos, la seguridad, los datos de tus usuarios) donde vas a querer a alguien que sepa al lado. Te voy a avisar cuáles.
Para el programador que ya usa IA todos los días y siente que la app que sale es correcta pero no es buena. Probablemente le falta lo que este libro llama pensar.
Y para el que enseña. Yo enseño IA en persona en la academia de The Mariscal, y este libro es, en buena medida, lo que repito en clase cada semana.
Una aclaración sobre las herramientas
Voy a nombrar herramientas concretas, porque un manual sin nombres no sirve para nada. Pero las herramientas de IA cambian cada seis meses. Cuando leas esto, alguna ya no va a existir y va a haber otra mejor. No importa. Si entendés para qué sirve cada cosa, vas a reconocer su reemplazo apenas lo veas.
El papel, en cambio, no se actualiza.
Martín Silva Molina Octubre de 2026